Según la tradición oral, Justo Rufino Barrios habría nombrado la propiedad como El Porvenir inspirándose en una frase dedicada a la mujer que llegó a ser su esposa: «por venir a verte». El nombre quedó asociado a un terreno de aproximadamente 150 caballerías que formaron parte de sus bienes en San Marcos.
Tras su muerte, la finca fue vendida en 1889 por su viuda, Francisca Aparicio, a la Compañía Hamburguesa de Plantaciones, dedicada al cultivo de café.
Durante
esos años, varias fotografías de la casa patronal, tomadas por Sanfred Robinson
en 1886, mostraron la magnitud de las propiedades cafetaleras del occidente.
De empresa extranjera a finca nacional
Con el paso
del tiempo, la finca también fue adquirida por una empresa holandesa que
mantuvo la producción de café. Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados
Unidos obtuvo autorización del Estado guatemalteco para sembrar grandes
extensiones de quina, debido a la importancia de la quinina para combatir el
paludismo.
Para cumplir con este objetivo se construyeron instalaciones adaptadas
al estilo estadounidense, además de una pista de aterrizaje para facilitar el
traslado del material hacia laboratorios norteamericanos.
Finalizada
la guerra, la propiedad regresó al control del Estado y se identificó como Finca
Nacional El Porvenir, una de las más extensas de este tipo en
Guatemala.
En 1939,
durante el gobierno de Jorge
Ubico, la finca
pasó formalmente a manos del Estado como indemnización de guerra, quedando bajo
el Departamento de Fincas Nacionales e Intervenidas hasta 1944. De 1940 a 1946
operó allí una compañía estadounidense dedicada al procesamiento de quina,
utilizando como laboratorio el edificio donde actualmente funciona la escuela Justo Rufino Barrios.
Transformación agraria y nacimiento de la comunidad
En 1962, con
el Decreto 1551 emitido durante el gobierno de Miguel Idígoras Fuentes, la finca pasó a cargo del Instituto Nacional de Transformación Agraria
(INTA). La extensión final quedó en aproximadamente 88 caballerías.
En 1981, en
el gobierno de Romeo Lucas García, estas tierras fueron entregadas bajo un
sistema de Patrimonio Agrario Colectivo a mozos colonos y trabajadores
vinculados a la finca. La adjudicación se amparó en el Decreto reformado 1551 y
en el Decreto 27-80 del Congreso de la República.
Créditos: Guatemala.com
