Panchito el Avioncito fue uno de los espacios más recordados por varias generaciones en Ciudad de Guatemala. Un avión adaptado como restaurante y luego como salón de fiestas infantiles marcó una época y dejó anécdotas que todavía circulan entre quienes lo visitaron.
La historia
inició con un avión fuera de servicio que llamó la atención en la ciudad. La
aeronave fue trasladada desde una residencia en Zona 10 hacia
un punto cercano a la avenida Reforma, donde despertó curiosidad entre vecinos y transeúntes que observaban
su instalación.
El proyecto tomó
forma como un restaurante innovador. Bajo el nombre Drive In DC-3, el
lugar abrió frente a la iglesia de
Yurrita. Su
propuesta combinaba comida y una experiencia distinta, ya que los clientes
podían ingresar a un avión adaptado.
El establecimiento
pertenecía a Amelia Patricia Samayoa Amiel. Durante su funcionamiento, el
restaurante se convirtió en una opción diferente dentro de la ciudad. Algunas
personas recuerdan haber llegado después de eventos cercanos, como
presentaciones musicales o actividades religiosas realizadas en la zona.
Con el paso
del tiempo, el avión fue trasladado hacia la Zona 13,
específicamente al área del Parque
Berlín. Este cambio marcó una
nueva etapa para el proyecto, que dejó de operar como restaurante para
enfocarse en actividades recreativas dirigidas a familias.
En este
nuevo espacio surgió el concepto de Panchito el Avioncito. El en un sitio lugar se adaptó
como salón para celebraciones infantiles, convirtiéndose frecuente para piñatas
y reuniones. El avión fue pintado de rojo, lo que reforzó su identidad visual y
lo hizo aún más llamativo.
Durante la
década de los años setenta, Panchito el Avioncito se posicionó como uno de los
lugares más buscados para fiestas. Muchas familias lo elegían por su propuesta
diferente, ya que los niños podían jugar dentro de una aeronave real mientras
celebraban cumpleaños.
Los
recuerdos de quienes asistieron coinciden en que era un espacio lleno de
actividad. Las piñatas, los juegos y la experiencia de subir a un avión
marcaron la infancia de muchos. Este formato logró mantenerse vigente durante
varios años con alta demanda.